lunes, 4 de marzo de 2013

Humanidad.

Resulta curioso comparar tu vida con la de tus propios amigos y darte cuenta de que realmente no hay demasiadas cosas que tengas en común con ninguno , y que aún a pesar de eso, te pareces en un 99% a cualquiera de ellos. Esa diferencia es una especie de marca de nacimiento que cada uno lleva con más o menos resignación, pero que no acaba de tener ningun fin conocido y que no marca ninguna frontera significativa.

Así que si uno se pone a pensarlo acaba dandose cuenta de que la Humanidad al completo no es más que un bloque informe de individuos moldeados según el mismo patrón y con pequeñas diferencias locales y practicamente imperceptibles. Diferencias, que a pesar de su pequeñez nos llevan a embarcarnos en amargas discusiones, batallas o guerras. Diferencias que empujan al hombre a pelear y a matar.

La idea de Dios es tan solo una de esas pequeñas diferencias apenas perceptibles. Hitler y Einstein solo separados por un destello de electricidad en cada uno de sus cerebros. Lo mejor y lo peor conviviendo en ruido infinito.

Pero aquí seguimos, embarcados en nuestra búsqueda de un mundo mejor, que posiblemente no es muy diferente del peor de los mundos.

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