martes, 2 de abril de 2013

Mi luz.

Esta es una vida extraña, en la que he tenido que aprender a sonreir entre mis lágrimas. Soy yo solito el que se cura cuando estoy enfermo, el que se observa de refilón cuando bebo mas de la cuenta. También me encargo de limpiar lo que ensucio y de ensuciar lo que limpio. Que sorpresa, bienvenido al mundo.

Y me he tenido que hacer a la idea de que la luz que me guía brilla desde tan lejos que puedo sentirla y no verla. Y que el tiempo me separa lento pero inexorable de lo mejor de mi vida, tanto hacia adelante como hacia atrás. Y sin embargo, otras luces, quizá pequeñas ahora, pero que crecerán se encienden cuando paseo por la noche, solitario como siempre.

Luces que me buscan y añoran, que no brillan como brilla la luz de mi vida, pero que tienen de bueno que se empeñan en no cegarme. Solo alumbrarme y evitar que una vez mas me despelleje los codos y las rodillas.

Mientras hay vida, hay esperanza, dicen. En mi no queda demasiada vida, pero si queda esperanza.

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