domingo, 27 de enero de 2013

Una Luna sobre mi.

Desde esta montaña, puedo ver las luces de la ciudad y a la misma vez escuchar los sonidos del campo. Dos mundos enfrentados en mis sentidos. Los intermitentes de los coches frente al ulular de los animales nocturnos. Sentado en esta piedra, el campo me llena de miedo y quiero volver a mi familiar ciudad, llena de aceras calientes, cristales astillados y almas quebradas. Pero no me levanto, aun no. Sigo sentado, sentado, sentado.....sentado esperando.

Miro a mi derecha, donde no hay mas que arboles y oscuridad. Miro a mi izquierda, donde no hay mas que matojos y oscuridad. Es entonces cuando levanto los ojos y veo la luna, redonda y palida, recortandose en la noche. La luna me aterra, la luna que me fascina, la luna que me mira. Nos miramos por un instante, la luna y yo. Nos hacemos amigos.

Me levanto y corro, y corro y corro aun mas..... Corro hasta que no puedo mas, hasta que el aire se escapa de mi boca, hasta que mis pulmones suenan a aire que se escapa. Entonces me hallo de nuevo en mi querida ciudad. Mi ciudad caliente, dura y enorme. Me siento tranquilo de nuevo y entonces me marcho a casa.

Pero mi casa, mi casa ya no es lo mismo. Será porque desde aquí no veo a la Luna.

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